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LA DILIGENCIA FANTASMA

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La diligencia fantasma

LA DILIGENCIA FANTASMA

Por el antiguo camino a Montemorelos, poco antes de legar al arroyo El Sabinito, tuvo lugar en 1858 una cruda batalla entre los ejércitos de los Estados de Nuevo León y Tamaulipas. El primero jefaturado por el Coronel Mariano Escobedo, y el segundo por el General Juan José de la Garza.

El General y Gobernador de Tamaulipas viajaba en un carruaje tirado por seis caballos de fina estampa y en él transportaba un cofre con 50 mil pesos en oro, dinero destinado a los gastos de la compañía militar en contra de los alzados nuevoleoneses, pues tenía órdenes del Presidente Comonfort de no recurrir a los préstamos forzados considerados tan normales en aquellos tiempos de guerra interna al llegar una partida militar al pueblo.

Al ser avisado el General tamaulipeco del avance que hacía Escobedo por el citado camino, dispuso lo necesario para el enfrentamiento. Ordenó a su cochero que ocultase la diligencia en una de las hondadas que abundan en el sitio, pidiéndole además que enterrara el cofre con el oro en lugar seguro mientras pasaba la refriega, y así lo hizo.

La batalla dio principio, Escobedo destinó una parte de su tropa para atacar por el flanco derecho. Estos soldados descubrieron la diligencia y al cochero al que dieron muerte. Luego mataron a los caballos e incendiaron el carruaje.

La terrible batalla duró cerca de 12 horas, siendo ganada finalmente por la gente de Tamaulipas, obligando a Escobedo a ordenar el toque de retirada, replegándose a Monterrey.

Mientras atendían a los heridos, enterraban los cadáveres y reunían el botín de guerra, el General De Garza buscaba afanosamente el lugar donde su cochero había ocultado el cofre con el oro. No lo encontró. Una segunda búsqueda la hizo a su regreso de Monterrey, pero con resultados negativos. En la Loma Larga quedaron sepultados cadáveres de nuevoleoneses y tamaulipecos y en algún par apartado 50 mil pesos en oro.

Al año de haberse dado esta batalla, una familia que viajaba de noche en carreta a su casa de la hacienda Chihuahua, sufrió terrible y escalofriante impresión al ver a la enorme diligencia conducida por un horripilante esqueleto que hacía chasquear el látigo sobre los corceles. La visión fue momentánea.

Otras personas solo escucharon en el mismo lugar el característico estrépito que hace un carruaje al ser conducido por donde no hay camino.

De estas apariciones y ruidos ocasionados por la diligencia fantasma, existen testimonios veraces de gentes que habitan en las haciendas a las que se llega por ese camino y que alguna vez tuvieron la necesidad de viajar de noche. 

Lo más extraño de todo esto, es que solo sucede en las noches del día 30 de octubre, fecha en que tuvo lugar la batalla.

Otros dicen que el tesoro no ha sido encontrado porque el cochero lo cambia con frecuencia de sitio esperando la llegada de su General para entregárselo. 

Pero la mejor noche para buscar con éxito este oro, es la del 30 de octubre.

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